Trump contra los gérmenes

Cuando aquellas filtraciones falsas acusaban a Trump de participar en orgías en Moscú, incluidas prácticas de “lluvia dorada”, el presidente se defendía diciendo que eso era algo impensable para alguien como él, cuya fobia a los gérmenes era notoria. Puede que tuviera razón y ese síndrome sea al final un factor determinante para su obsesión con la construcción de muros y la deportación masiva de inmigrantes indocumentados. América primero… y limpia. Tabula rasa a lo que se suponían derechos humanos.

Este germenfóbico en el Despacho Oval, trata de exterminar  todo lo que pueda contaminarle, tal y como la contagiosa opinión pública de la CNN, NY Times, Político o Buzzfeed (“los enemigos del pueblo”) vetándoles en las ruedas de prensa. La quintaesencia de la democracia norteamericana, la primera enmienda, se la pasa por el arco del triunfo: Tocqueville debe estar revolviéndose en su tumba. Existe una guerra entre el presidente y el resto de instituciones desde la Justicia hasta la Prensa, pasando por el FBI. Es evidente que no puede sostenerse durante demasiado tiempo esta situación.

Seguramente Trump sea el tipo de tío que se lava sus diminutas manos hasta que se le quedan resecas. Tiene un concepto de limpieza nocivo, y aunque la comparación resulte manida, esta “higienización” posee reminiscencias hitlerianas. Lo último que sabemos es que quiere aumentar el presupuesto para las fuerzas armadas en 54 mil millones de dólares y recortándolo de Medio Ambiente (esa fruslería) y Ayuda Exterior (que no deja de ser un eufemismo: quid pro quo). La mentalidad de Trump es híper-defensiva. “Tenemos que volver a ganar guerras” asegura ¿pero cuáles? ¿las nuevas que se invente él?

Ayer dio aparentemente su discurso más solemne pero volvió a reincidir en sus temas habituales. Incluso llegó a mencionar la creación de una oficina para las víctimas de inmigrantes indocumentados, ignorando que los índices de criminalidad los lideran con ventaja los nativos estadounidenses.

En el fondo el nacionalismo no es más que eso, un trastorno obsesivo compulsivo con la limpieza. Nada más gráfico en la historia del nacionalismo que un muro gigante en la frontera con México. Da igual que construyan túneles, es el símbolo lo que prevalece. Como dijeron en los Oscar para desmayo del público: ”Esto no es una broma”, así que todos los bienpensantes que creían que Trump iba de farol que se bajen del escenario. No hay premio para vosotros.

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