Papel mojado

La palabra de un político hoy en día se ha devaluado al precio del chicle. Si Tony Montana solo tenía su palabra y sus cojones, los políticos actuales solo tienen su demagogia y su poltrona. Pedro Antonio Sánchez, presidente de Murcia, después de jurar de que dimitiría si resultaba imputado, ahora, después de la imputación, se atornilla al sillón con el tesón de un carpintero. Algo parecido a lo que le ocurre ahora a Fillon que prometió que dimitiría si era investigado o a Jeff Sessions, que mintió en el Congreso bajo juramento al negar que había mantenido contactos con personal ruso durante la campaña electoral americana.

Si el PP lidera Murcia es gracias al apoyo de Ciudadanos que únicamente ponía como contrapartida un pacto de mínimos. El primero de ellos era: “separar de inmediato de cualquier cargo a imputados por corrupción política hasta la resolución completa del procedimiento judicial”. Pues al final ha tornado en papel mojado cuando Sánchez ha sido citado a declarar como imputado por presuntos delitos de prevaricación, fraude contra la administración pública, falsedad en documento oficial y malversación de caudales públicos… y sigue aferrado a su silla.

El chuleo del PP llega a tal grado que califica al pacto anticorrupción de Ciudadanos como “lentejas”. Lo deseable sería que dejasen el plato limpio. No sé sabe muy bien a qué espera Ciudadanos para acercarse al PSOE y Podemos y promover una moción de censura. Pero al parecer la formación naranja se lo toma con más calma y propone un candidato alternativo del PP. Lo cierto es que en C’s reina la descoordinación: si Girauta aseguraba que si el presidente de Murcia era desimputado dejarían de pedir su dimisión, Rivera ha matizado que si eso ocurre tendrán que sentarse a ver si se tiene que rehacer el pacto o hay que ir a elecciones.

Es el conocido caso del pez grande (PP) que se come al pez pequeño (C’s). Recuerda a aquella escena de la película El Lobo de Wall Street en la que un humilde trabajador trata de limpiar la pecera de la oficina para que sea más transparente, y le echan a puntapiés del lugar de trabajo, no sin antes de que uno de los brokers se eche a la boca el pequeño pez.

El pacto estaba sustentado en unas condiciones, si se incumplen de forma tan flagrante, habría que dar por roto el acuerdo y proceder a la destitución. Se debe digerir hasta el último grano de lentejas.

Trump contra los gérmenes

Cuando aquellas filtraciones falsas acusaban a Trump de participar en orgías en Moscú, incluidas prácticas de “lluvia dorada”, el presidente se defendía diciendo que eso era algo impensable para alguien como él, cuya fobia a los gérmenes era notoria. Puede que tuviera razón y ese síndrome sea al final un factor determinante para su obsesión con la construcción de muros y la deportación masiva de inmigrantes indocumentados. América primero… y limpia. Tabula rasa a lo que se suponían derechos humanos.

Este germenfóbico en el Despacho Oval, trata de exterminar  todo lo que pueda contaminarle, tal y como la contagiosa opinión pública de la CNN, NY Times, Político o Buzzfeed (“los enemigos del pueblo”) vetándoles en las ruedas de prensa. La quintaesencia de la democracia norteamericana, la primera enmienda, se la pasa por el arco del triunfo: Tocqueville debe estar revolviéndose en su tumba. Existe una guerra entre el presidente y el resto de instituciones desde la Justicia hasta la Prensa, pasando por el FBI. Es evidente que no puede sostenerse durante demasiado tiempo esta situación.

Seguramente Trump sea el tipo de tío que se lava sus diminutas manos hasta que se le quedan resecas. Tiene un concepto de limpieza nocivo, y aunque la comparación resulte manida, esta “higienización” posee reminiscencias hitlerianas. Lo último que sabemos es que quiere aumentar el presupuesto para las fuerzas armadas en 54 mil millones de dólares y recortándolo de Medio Ambiente (esa fruslería) y Ayuda Exterior (que no deja de ser un eufemismo: quid pro quo). La mentalidad de Trump es híper-defensiva. “Tenemos que volver a ganar guerras” asegura ¿pero cuáles? ¿las nuevas que se invente él?

Ayer dio aparentemente su discurso más solemne pero volvió a reincidir en sus temas habituales. Incluso llegó a mencionar la creación de una oficina para las víctimas de inmigrantes indocumentados, ignorando que los índices de criminalidad los lideran con ventaja los nativos estadounidenses.

En el fondo el nacionalismo no es más que eso, un trastorno obsesivo compulsivo con la limpieza. Nada más gráfico en la historia del nacionalismo que un muro gigante en la frontera con México. Da igual que construyan túneles, es el símbolo lo que prevalece. Como dijeron en los Oscar para desmayo del público: ”Esto no es una broma”, así que todos los bienpensantes que creían que Trump iba de farol que se bajen del escenario. No hay premio para vosotros.