Feminismo caníbal

Finalmente una de las palabras más absurdas del feminismo carpetovetónico se ha vuelto mainstream. La culpable ha sido Irene Montero que en el Congreso llamaba “machirulo” a un diputado del PP por ponerse bravo desde su escaño con su secretario general –y pareja sentimental- Pablo Iglesias ¿Qué es un “machirulo”? Básicamente cualquier hombre que no encaja en las coordinadas del hembrismo más salvaje y resentido. No ha sido casualidad; Montero quería introducir este concepto en el imaginario popular. La neolengua podemita vuelve a triunfar.

Llevar una conducta masculina simplemente estúpida al terreno del machismo es un reduccionismo miope que últimamente está de moda. Una cosa es ser un chulo de barra y un maleducado y otra ser un machista. Hay dos tipos de feminismos: el de revolucionarias como Emmeline Pankhurst o  Mary Wollstonecraft  y después el feminismo caníbal -y no señalo a Montero pero sí a las que engendraron ese término- que hace del hombre el centro de todos los males. Dentro de las minorías a veces se van cociendo monstruos al fuego lento del rencor y es evidente que hay un grupo de mujeres que se parapetan tras el concepto de feminismo para disparar bilis a discreción. Realmente existe un sector de hembras emasculadoras que no hacen ningún favor al feminismo de la igualdad de oportunidades que tiene sus raíces en los derechos civiles de los años sesenta.

Sin lugar a dudas el patriarcado todavía está demasiado presente en nuestra sociedad, pero no se trata de combatirlo con actitudes diametralmente opuestas que repliquen la caspa del machismo. Por eso es tan importante ser preciso en los términos para no banalizar el debate. Ángel González será un gilipollas pero ¿un “machirulo”?. No cualquier situación es válida para entrar en la dialéctica sexista.

Hace falta igualar los salarios de una vez por todas, más mujeres dirigentes, vigilar la cosificación de la mujer y poner al mismo nivel la educación que reciben chicos y chicas. Pero que un diputado se ponga insolente no cualifica como actitud machista. Eso es quedarse en la superficie y no ir al núcleo, que es erradicar la desigualdad de género con política y educación.

Una vez más Podemos se apropia de los conceptos; si antes era “máquina de fango” ahora es “machirulo”. Pero del vocabulario a los hechos hay un largo trayecto. Esperamos más proyectos de ley y, por favor, no tanta pancarta y slogan.

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15 minutos de fama

Mariano nunca ha sido un tipo excesivamente ambicioso más allá de su propia supervivencia, y ha apelado cientos de veces al “sentido común”. Es más de callar que de tirarse órdagos. Por eso extraña que en su pasada conversación telefónica con Donald Trump, de unos escasos 15 minutos, se haya propuesto como su interlocutor en América Latina, Europa, el norte de África y –realmente alucinante- Oriente Medio. No se sabe muy bien qué debía haber consumido Don Mariano, pero sufrió un terrible ataque de egotrip. Como bien decía Iñaki Gabilondo en su blog, si ni siquiera es capaz de mediar en Cataluña ¿Cómo va a hacerlo en todos estos territorios? “Rajoy al teléfono ¿Está Netanyahu? Creo que deberíais tomároslo con calma con lo de las colonias” “¿Alo, Hassan Rouhani? Sería recomendable revisar el pacto nuclear”.

A todo esto ni una sola mención al famoso muro, aún con todos los lazos comerciales y culturales que nos unen a México. Aunque teniendo en cuenta que nosotros tenemos una vasta experiencia en muros como el de Melilla, puede que hasta Trump le pidiese algunos consejos prácticos a Rajoy sobre concertinas. Es curioso que después de que el PP hiciese del populismo su némesis ahora tengan que tragar con la administración Trump, la post-verdad pantagruélica.

Si Aznar tuvo a su Bush puede que Rajoy tenga ahora a su Trump, pero es una pareja demasiado antitética. Mariano no pondría los pies encima de la mesa. Ya ni siquiera fuma puros. Mientras Rajoy tiene problemas a la hora de mandar SMS’s, Trump es un maestro de los 140 caracteres. Definitivamente no pueden reeditar el combo de las Azores. Rajoy ha jurado amor eterno a Merkel, no a Trump. Por eso de esta conversación se revela que el Presidente está en una posición ambigua, entre sus colegas europeos y la necesidad de agradar al nuevo POTUS. Si cree que va a llevarle al redil de sus socios del viejo continente lo lleva claro. No es seguro que Donald esté realmente interesado en el futuro de la Unión Europea como revelan las informaciones.

Es verdad: se trataron asuntos de inteligencia geoestratégica; de las bases americanas en España y de la presencia nacional en territorio iraquí. Pero al final no es más que de una conversación protocolaria e intrascendente donde, de paso, Rajoy quería exprimir sus literales 15 minutos de fama.

C’s dice “bye, bye” a la socialdemocracia

Ciudadanos se ha hecho mayor. Hace tiempo que superó su fase acneica de la pubertad y finalmente llegó el momento de definirse. Para ello, celebraron ayer su primera Asamblea General a nivel nacional, donde debatieron su ideología, los estatutos y el rumbo que quieren emprender a partir de ahora. Pero el ideario es el talón de Aquiles de Ciudadanos, al que siempre se le ha acusado de partido ambiguo, navegante entre dos aguas: la del liberalismo y la de la socialdemocracia (sí, incrédulos, Ciutadans nació socialdemócrata).

Mientras que para la derecha más reaccionaria son socialdemócratas, para la izquierda más tozuda son ultra-liberales. La respuesta es más sencilla; se inspiran en el centro político de los países nórdicos. Ciudadanos siempre defendió el liberalismo, pero un liberalismo que ha hecho un especial hincapié en las políticas sociales y en el mantenimiento de un estado de bienestar robusto.

Es interesante comprobar como en el resto de Europa el liberalismo se identifica con el centro y el reformismo mientras la izquierda socialdemócrata y la derecha popular son consideradas conservadoras. Aquí en España es distinto: el liberalismo se asocia top of mind con la derecha.

Al final consiguieron cargarse el término “socialdemocracia” que viene recogido en ideario original de C’s, tal y como propuso el documento promocionado por la dirección, lo que supone un gesto de madurez. Ciudadanos ya no es ese partidillo catalán que combatía las políticas de Maragall, que aspiraban a cubrir el hueco del PSC. Ahora son oficialmente progresistas-liberales. Lo único que debemos esperar es que este debate nominalista no se convierta en una excusa para una nueva derechización del partido.

Otro de los puntos candentes de la Asamblea fue la resolución de intentar entrar en Gobiernos de coalición a partir de 2019 –cuando habrá elecciones municipales, autonómicas y europeas-. Es lo más razonable si se piensa que están al borde de la desaparición. Necesitan presencia política cuanto antes por mucho que sean acusados de “partido-bisagra”. También hay quien dice que cometieron un error garrafal al no compartir el Gobierno con Rajoy, pero Ciudadanos representa la renovación y en este caso ese tándem habría lastrado su credibilidad in omne tempus. Un bebé muerto antes de nacer.

A las cosas hay que llamarlas por su nombre y hay que celebrar que la formación de Albert Rivera se desprenda de la etiqueta, hace tiempo superada, de “socialdemocracia” para que abracen lo que realmente son ¿Cuál es el futuro del partido? Eso ya no está tan claro.