Aznar es vintage

Actualmente se puede contemplar a Aznar como una reliquia de la derecha española. El discurso de Aznar está tan descontextualizado en el escenario presente que verle es parecido a  descubrir una cucada vintage de bazar, como un gatito dorado chino de los que mueven el brazo. Es inocuo pero atesora cierta mística de lo antiguo.

Aznar, recién consumado el divorcio de FAES con el PP, ha dado el pistoletazo de salida a su independencia celebrando dos actos.  Las malas lenguas aseguran que dio la espantada rechazando la presidencia honorífica del Partido Popular porque se planeaban someterla a voto y esa es una humillación por la que no estaba dispuesto a pasar.

En cualquier caso es difícil tomarse en serio sus recetas liberales sobre reducción de impuestos. Hoy en día el mito del milagro económico de sus años de gobierno hace rechinar dientes si tenemos en cuenta que él puso las bases para la burbuja inmobiliaria con la ley de suelo. Su fichaje Rato, otrora mago de las finanzas, ahora es visto como un vulgar delincuente. Y el reguero de corrupción de la Gürtel deja un rastro hasta su ejecutivo. Al expresidente no le queda credibilidad pero siente la necesidad de influir en el rumbo del PP.

No hay apenas eco para la voz de Pepito Grillo de Aznar. Eso sí, tuvo el acierto de hacerse acompañar por Gallardón en la ponencia, alguien que está armado de autoridad para dar lecciones de integridad al Gobierno. Es Gallardón quién recibió la bala cuando estaba en el equipo de Rajoy por cuestiones puramente ideológicas con la Ley del Aborto en la mano. Cuando comenta que el PP “esconde lo que piensa” habla como la primera víctima de la indefinición estratégica del partido. Por supuesto, en todo el acto no se pronunció ni una palabra ni se asumió ninguna responsabilidad sobre el Yak-42.

Si según Felipe González, los expresidentes son jarrones chinos porque nunca se sabe dónde ponerlos, Aznar no llega a incomodar lo suficiente al actual Gobierno como se le presupondría a alguien que ha dirigido el país. Su influencia es limitada y sus aportes residuales. Por unos días se especulaba con la posibilidad de que Aznar formase un partido nuevo pero no posee la masa crítica como para llevarlo a cabo. Una vez descartada esta morbosa posibilidad, el regreso de Aznar produce un revival fugaz y olvidable.

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