Hackear la democracia

La paradoja: Estados Unidos, con un amplio historial de interferencias en elecciones de otros países vía CIA, ahora es la quejosa víctima. A estas alturas es evidente que los hackers rusos que filtraron el correo personal de Hillary Clinton fueron uno de los pilares fundamentales sobre los que sustentó la victoria del candidato republicano. Trump y Rusia tienen un idilio que no se ha documentado aún lo suficiente. Es posible que esta sintonía se deba a los múltiples negocios de Trump en el país o, como defienden los más malpensados, puede que el Kremlin posea material comprometedor del presidente electo.

En cualquier caso, la injerencia de los servicios secretos de Putin en las elecciones de la primera potencia mundial dibuja un nuevo panorama donde cualquier proceso democrático es más que nunca susceptible de ser manejado exteriormente a través de la tecnología. Los más extremistas pueden calificarlo como un mini-golpe de Estado. Una porción del pueblo americano se debe sentir estafado por la burda intromisión que han sufrido por parte de una potencia extranjera. Lo sucedido confirma una peligrosa verdad: La democracia es hackeable.

Había dos mundos paralelos en el colofón de los comicios presidenciales: la mass media tradicional, volcada con Clinton, aunque incapaces de obviar el asunto de los emails, y las redes sociales donde persistía el tufillo anti-Hillary. Es internet, llena de hacktivistas a sueldo, la que inclina la balanza actualmente; supone una ampliación del campo de batalla y es el terreno crucial donde se ganan las guerras. El Wikileaks de Julian Assange sirvió de aliado indispensable para la masiva filtración de los correos de Hillary Clinton.

Trump, lejos de condenar el ataque, desacredita a los servicios de inteligencia americanos y responsabiliza al partido demócrata por su debilidad. Recuerda poderosamente a cuando se burlaba del senador McCain por haber sido rehén de guerra. Para Trump todo se mide con la retórica de la debilidad/fortaleza. No solo eso, sino que en cierto momento de la campaña animaba a los hackers rusos a seguir filtrando emails de su adversaria. Es la política del todo vale, en la que se entiende que no hay procedimientos injustos, solo sujetos blandos.

Antes para torcer el rumbo de unas elecciones extranjeras había que financiar a candidatos alternativos y comprar los medios de comunicación,  ahora basta con perpetrar ataques informáticos desde casa. Estamos entrando en un escenario de paranoia, donde se percibe a la democracia más vulnerable que nunca.

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