Lanzarse en tirabuzón

Hay algo placentero en ver a alguien que está contra las cuerdas y con todos los pronósticos desfavorables, resurgir del abismo. Se ha anunciado el certificado de defunción de Pedro Sánchez tantas veces por tantos medios diferentes que verle en Dos Hermanas, respaldado por una amplia militancia, oficializando su participación en las primarias del PSOE se siente como una pequeña victoria, sea cual sea el desenlace. La leyenda del Bennu o Ave Fénix es un clásico que siempre conmueve. Efectivamente, Pedro, hay agua en la piscina, haces bien en tirarte. Casi queda hecho puré entre las enormes ruedas dentadas del Apparat pero por ahora ha conseguido salir indemne por hacer bandera de la militancia.

El acto fue en Sevilla para mayor humillación de “La Sultana”, Susana Díaz, a la que aludía eufemísticamente como “la candidatura de la Gestora”, mientras que al “traidor” Patxi López no le dedicaba ni una sola palabra (“solo hay dos opciones” declaraba). Todo esto ante 3000 personas según Telecinco y tan solo 400 para La Sexta, pero las imágenes captadas inclinan la balanza hacia la primera fuente.

Sánchez apuesta todo a las bases desencantadas, pero es probable que se haya convertido en el adalid de la democracia de forma circunstancial. Por su propia supervivencia no le convenía abstenerse ante el Gobierno de Rajoy el año pasado y apeló a la militancia como espejito mágico. Hay que reconocer que sus ideas eran aventureras y peligrosas ¿Qué se supone que iba a hacer después del 26-J, una contorsión imposible con los nacionalistas para gobernar? ¿Congelar el país hasta unas terceras elecciones? Lamentablemente la cabeza de Sánchez rodó porque tenía que rodar en ese momento; había que descongestionar España, sin embargo eso no quita para que ahora sea el mejor candidato para liderar la oposición. Tanto Susana Díaz como Patxi López son colaboracionistas del PP. Y si no se han aprobado los Presupuestos Generales del Estado con el apoyo del PSOE todavía es porque hay un proceso de primarias en marcha no por falta de voluntad.

En realidad, no hay nada que preocupe más al PP que Pedro Sánchez regrese como un boomerang a la secretaría general, lo que complicaría irremediablemente la permanencia de Rajoy en La Moncloa ¿Por qué ahora sí apoyo a Sánchez y antes no? se preguntará el lector. Porque hace unos meses había que salir del impasse político como fuese, y ahora hay que tener una oposición que obligue a Rajoy a torcerse a la izquierda en los asuntos fundamentales. A largo plazo, interesa un Pedro Sánchez como líder del Partido Socialista y no uno de los oleosos habitantes de los engranajes del partido que reediten el bipartidismo recalcitrante. Es un proyecto autónomo de izquierdas como el que propone Sánchez el que más justicia haría al PSOE.

Un coach en la Casa Blanca

Uno de los momentos que se recordarán del discurso inaugural de Donald Trump se produjo nada más empezar: “No estamos meramente transfiriendo el poder de una administración a otra (…) sino que estamos transfiriendo el poder de Washington DC y devolviéndooslo a vosotros, la gente”.

Ha habido incontables ejemplos de presidentes haciendo referencia a “la gente” en sus discursos de toma de posesión: desde Jimmy Carter con su “un Gobierno tan bueno como su gente”, hasta Ronald Reagan, pasando por Bill Clinton y Obama. Pero nunca se había hecho tan explícito el contraponer el poder de Washington al del pueblo y  asegurar un “traspaso de poder”. Esto es populismo en mayúsculas. Y suena irremediablemente bien, el problema es saber quién cualifica como “la gente” ¿Es el musulmán recién llegado a Estados Unidos con un sueño, “la gente”? ¿Y el negro activista por los derechos civiles está incluido en el pack de “la gente”? ¿Son los periodistas independientes y críticos, “la gente” de Trump?

Sea como sea, con el nombramiento del nuevo Presidente hay quien asegura que entramos en una nueva era del reality, en el que la línea entre la ficción y la realidad cada vez es más difusa. Pero es una falsa apreciación, la política lleva mucho tiempo instalada en el show business y Obama también ejercía de actor. La diferencia es que Trump es una estrella de la televisión del género del reality show mientras que Obama era cinemático, con un empaque hollywoodense antiguo. Podemos esperar un guion menos riguroso puntuado por ráfagas de espontaneidad y con un amplio margen para la improvisación. Únicamente la pantalla se ha reducido del 16:9 al tamaño del plasma.

El discurso estaba en consonancia con el hecho de que Estados Unidos atraviesa una época de autoconciencia y de introspección. Trata de mirarse a sí misma para recomponerse, de ahí la fiebre proteccionista y aislacionista (“dos reglas: comprar americano y contratar americano”). Está en una etapa de replegamiento. Y para ello se ha contratado no a un Presidente humanitario sino a un coach. Trump es el coach que tiene como misión levantar el autoestima de Estados Unidos, que se encuentra en vuelos bajos. Como suele suceder con los coach sus mensajes son simplistas, hiperbólicos y tremendamente egoístas (“América, primero”) pero es la inyección de dopamina nacionalista que necesitan para desgracia de Europa y del resto del mundo, que tienen en Estados Unidos un aliado fundamental.

A pesar de todo Trump no es una extravagancia. Es la respuesta histórica a un sentimiento de pérdida de identidad nacional. Lo único que nos cabe esperar es que Europa no replique este modelo. So God help us.

Porque vives en Ultramemia

Porque estás en Ultramemia/ Vivirás en Ultramemia/ Has nacido en Ultramemia / Y te morirás de asco bordando con tu tedio su bandera” (Ultramemia, Def con Dos, 1996)

Def con Dos fue una de mis primeras introducciones a la música. Me acuerdo de vibrar con la funky “Quemé el Liceo”, partirme de risa con el feminismo rabioso de “Agrupación de Mujeres Violentas” o hacerme preguntas con la pro-adopción “Basta de Nacimientos”. El grupo abría una puerta al pensamiento crítico inaudito para un niño de doce años. En ocasiones las líricas eran –tenían que ser- violentas, no obstante siempre fue fácil para mí y mi entorno interpretarlas en su debido marco.

Pero estamos en 2017. Tras la absolución de la Audiencia Nacional, ha sido el Tribunal Supremo el que ha condenado a un año de prisión al líder de la banda, César Strawberry, por el contenido de unos twits que juzgan incitadores al odio y enaltecedores del terrorismo. Antes los rockeros iban a la cárcel por tenencia de drogas o por armar trifulcas, no por escribir cuatro ocurrencias en la red social del pajarito; definitivamente vivimos en la era de la corrección política.

Nunca está de más recurrir al manido “el medio es el mensaje” del siempre vigente Marshall McLuhan, y en este caso el medio es estridente, vaporoso y superfluo. Twitter es la corrala de vecinos donde la ironía es Rey. Los ciento cuarenta caracteres nacen para ser efímeros y ser tragados hacia lo más hondo del timeline en minutos. En esta red social donde se vive una perpetua competición para ver quién es más epatante, el significado de los mensajes no se puede aislar del medio en el que están inscritos. Cada formato tiene su propia gramática, y en twitter se lleva la hipérbole.

Desde luego si se usa la misma vara para medir a todos los twiteros no habrá celdas suficientes. Que Strawberry escriba que “hasta echa de menos a los GRAPO por el fascismo sin complejos de la Señora Aguirre” o que “Ortega Lara tendría que ser secuestrado ahora”, o “cuántos deberían seguir el vuelo de Carrero Blanco” (Carrero Blanco se ha convertido en una punchline tan clásica que cualquier broma haciéndole referencia resulta inocua) son flashes típicos de una red espasmódica como twitter.

¿Dónde está el límite de la libertad de expresión en esta plataforma? En las amenazas directas y personales, en la apología al terrorismo plana y simple o en los mensajes con intencionalidad de incitar a la violencia. Los GRAPO, Carrero Blanco, Ortega Lara… nos guste o no, se han convertido en imaginería pop que César Strawberry, como artista que es, usa de forma elástica para dar forma a un humor cáustico. El listón se ha puesto muy bajo con esta sentencia y esto sienta un peligroso precedente para la libertad de expresión. Parece que después de todo seguimos viviendo en Ultramemia.

Hombre de paja

Si algo saben en el PSOE es que no hay nada tan purificador políticamente como un buen proceso de primarias. De esas en la que los candidatos salen fortalecidos y proyectados como balas; le pasó a Zapatero, a Borrell y hace poco a Sánchez. Pero en el caso de que no haya adversarios y un candidato gane por incomparecencia del resto, se pierden jirones de legitimidad. Esa era la preocupación de la mujer de la eterna promesa, Susana Díaz, que tenía pavor de presentarse sola a los comicios y dar una imagen de acaparadora.

Se acabó el malestar, ahora tienen al hombre de paja perfecto. Revestido de solemnidad y oficialidad, pero hombre de paja al fin y al cabo. El exlehendakari Patxi López anunció su candidatura el pasado sábado. Su designación acomete una doble función: permitir una victoria legítima a Díaz y obstaculizar el paso al verdadero peligro: Pedro Sánchez. Patxi López es como la versión light de este último, haciendo bandera de una rebeldía anti-abstención pasada por agua (recordemos que acabó votando abstención en la investidura de Rajoy), y lo suficientemente débil como garantizar el triunfo de la andaluza. En teoría es un imposible que coexistan Patxi y Pedro porque representan lo mismo y partirían el voto en dos.

Pero, como dicen en el mundo de la empresa, para López es una win-win situation: si pierde lo más probable es que sea incluido en el ticket de Susana Díaz. Todo parece una maniobra para cerrar el paso al Guapo; la pesadilla de los barones socialistas en el último año. Patxi López es el doppelganger de Pedro, que replica sus movimientos y esloganes pero que está huero de su espíritu. Sánchez debe sentirlo como si fuera un clon programático al que han atornillado en Ferraz para robarle los focos. El antiguo núcleo duro de Sánchez, César Luena y Oscar López, han corrido a hacer piña con el Mr. Ripley vasco.

Está claro que el exsecretario general debería haber previsto este movimiento y haberse anticipado a presentar su candidatura pero el madrugón de Patxi López pilló a Sánchez todavía en pijama. Ahora el exlehendakari trata de cortejar a Sánchez para incluirle en su equipo; es la mejor forma de neutralizarlo.

Con todo, Sánchez debería en un último gesto de resistencia heroica proponerse de nuevo como secretario general y plantar batalla. Es él y no otro quien mejor encarna el sector de la izquierda real en el partido socialista.

Aznar es vintage

Actualmente se puede contemplar a Aznar como una reliquia de la derecha española. El discurso de Aznar está tan descontextualizado en el escenario presente que verle es parecido a  descubrir una cucada vintage de bazar, como un gatito dorado chino de los que mueven el brazo. Es inocuo pero atesora cierta mística de lo antiguo.

Aznar, recién consumado el divorcio de FAES con el PP, ha dado el pistoletazo de salida a su independencia celebrando dos actos.  Las malas lenguas aseguran que dio la espantada rechazando la presidencia honorífica del Partido Popular porque se planeaban someterla a voto y esa es una humillación por la que no estaba dispuesto a pasar.

En cualquier caso es difícil tomarse en serio sus recetas liberales sobre reducción de impuestos. Hoy en día el mito del milagro económico de sus años de gobierno hace rechinar dientes si tenemos en cuenta que él puso las bases para la burbuja inmobiliaria con la ley de suelo. Su fichaje Rato, otrora mago de las finanzas, ahora es visto como un vulgar delincuente. Y el reguero de corrupción de la Gürtel deja un rastro hasta su ejecutivo. Al expresidente no le queda credibilidad pero siente la necesidad de influir en el rumbo del PP.

No hay apenas eco para la voz de Pepito Grillo de Aznar. Eso sí, tuvo el acierto de hacerse acompañar por Gallardón en la ponencia, alguien que está armado de autoridad para dar lecciones de integridad al Gobierno. Es Gallardón quién recibió la bala cuando estaba en el equipo de Rajoy por cuestiones puramente ideológicas con la Ley del Aborto en la mano. Cuando comenta que el PP “esconde lo que piensa” habla como la primera víctima de la indefinición estratégica del partido. Por supuesto, en todo el acto no se pronunció ni una palabra ni se asumió ninguna responsabilidad sobre el Yak-42.

Si según Felipe González, los expresidentes son jarrones chinos porque nunca se sabe dónde ponerlos, Aznar no llega a incomodar lo suficiente al actual Gobierno como se le presupondría a alguien que ha dirigido el país. Su influencia es limitada y sus aportes residuales. Por unos días se especulaba con la posibilidad de que Aznar formase un partido nuevo pero no posee la masa crítica como para llevarlo a cabo. Una vez descartada esta morbosa posibilidad, el regreso de Aznar produce un revival fugaz y olvidable.

Choque de trenes

Podemos, fiel a una ley no escrita y centenaria de la Izquierda, es predecible en su bicefalia. “Podemos… o podemos…”: Hay una conjunción disyuntiva a través de la cual se desangra el partido morado. Las visiones de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón no solo son divergentes sino antagónicas, y mientras no consigan conciliarse el tren de la formación permanecerá estancado.

El secretario general defiende una formación a ras de calle, con diputados desdoblados a su vez en activistas, que mantengan la esencia incorrupta del 15-M, como conservada en un frasco. Errejón, por otro lado, apuesta por la madurez de la organización que debe tener su evolución natural en las instituciones, presentar batalla parlamentaria y no jugar a los sectarismos (léase: dejar de tener al PSOE como principal enemigo).

Falta menos de un mes para Vistalegre 2, el segundo congreso de Podemos, y como no hayan resuelto sus diferencias Iglesias y Errejón, el choque de trenes va a resultar épico. Ambos han presentado sus ponencias políticas sobre el rumbo que debe tomar la formación y el alto contraste y las referencias veladas del uno al otro anticipan el choque. Y como todo choque de trenes, se espera con una mezcla de entre miedo y embelesamiento. No se sabe muy bien si apartar la mirada o fijar la atención.

Iglesias es contrario a la “normalización”; escribe que no pueden permitirse ser políticos al uso y que “la subordinación a la lógica institucional” acabará con ellos. Está claro que el secretario general de Podemos está dentro del Congreso pero todavía quiere rodearlo. Tiene un pie en el interior y otro fuera: no se da cuenta de que la etapa de ilusión de los albores de la organización ya ha sido superada y que difícilmente puede reproducirse ahora que están en el sistema. Es hora de pasar de fase. Frente a esta postura, Errejón parece el adulto de la relación, abogando por un posible entendimiento con el PSOE y una actividad centrada en el parlamento.

A estas alturas debería ser evidente que ese instinto caníbal hacia el PSOE les ha granjeado más desafectos que adhesiones. También que la línea de perpetua performance ha acabado agotando y restándoles seriedad. Al final, lo más probable es que triunfe la tesis de Iglesias, apoyada por el sector Anticapitalista (representan un 10% de la militancia) y que Errejón deje un bonito cadáver. Sin embargo Podemos jamás se recuperará de la pérdida del inteligente contrapeso que representa la figura de Errejón.

Hackear la democracia

La paradoja: Estados Unidos, con un amplio historial de interferencias en elecciones de otros países vía CIA, ahora es la quejosa víctima. A estas alturas es evidente que los hackers rusos que filtraron el correo personal de Hillary Clinton fueron uno de los pilares fundamentales sobre los que sustentó la victoria del candidato republicano. Trump y Rusia tienen un idilio que no se ha documentado aún lo suficiente. Es posible que esta sintonía se deba a los múltiples negocios de Trump en el país o, como defienden los más malpensados, puede que el Kremlin posea material comprometedor del presidente electo.

En cualquier caso, la injerencia de los servicios secretos de Putin en las elecciones de la primera potencia mundial dibuja un nuevo panorama donde cualquier proceso democrático es más que nunca susceptible de ser manejado exteriormente a través de la tecnología. Los más extremistas pueden calificarlo como un mini-golpe de Estado. Una porción del pueblo americano se debe sentir estafado por la burda intromisión que han sufrido por parte de una potencia extranjera. Lo sucedido confirma una peligrosa verdad: La democracia es hackeable.

Había dos mundos paralelos en el colofón de los comicios presidenciales: la mass media tradicional, volcada con Clinton, aunque incapaces de obviar el asunto de los emails, y las redes sociales donde persistía el tufillo anti-Hillary. Es internet, llena de hacktivistas a sueldo, la que inclina la balanza actualmente; supone una ampliación del campo de batalla y es el terreno crucial donde se ganan las guerras. El Wikileaks de Julian Assange sirvió de aliado indispensable para la masiva filtración de los correos de Hillary Clinton.

Trump, lejos de condenar el ataque, desacredita a los servicios de inteligencia americanos y responsabiliza al partido demócrata por su debilidad. Recuerda poderosamente a cuando se burlaba del senador McCain por haber sido rehén de guerra. Para Trump todo se mide con la retórica de la debilidad/fortaleza. No solo eso, sino que en cierto momento de la campaña animaba a los hackers rusos a seguir filtrando emails de su adversaria. Es la política del todo vale, en la que se entiende que no hay procedimientos injustos, solo sujetos blandos.

Antes para torcer el rumbo de unas elecciones extranjeras había que financiar a candidatos alternativos y comprar los medios de comunicación,  ahora basta con perpetrar ataques informáticos desde casa. Estamos entrando en un escenario de paranoia, donde se percibe a la democracia más vulnerable que nunca.