¿La historia le absolverá?

Incluso viéndose venir de lejos el acontecimiento cuando finalmente ha fallecido Fidel Castro resulta impactante y transmite la sensación de que uno está viendo desfilar pura Historia ante los ojos. Fidel era una de esas personalidades larger than life, como dicen los americanos. Resistió hasta el final. Noventa años, nada menos, de los que pasó la mayoría en defensa activa de unos ideales; y como suele pasar en la acción derivada de las ideas utópicas trajo muchas sombras a parte de las puntuales luces.

La revolución cubana fue una obra maestra de marketing político. Aún tratándose de una despiadada dictadura aún contaba con ojos que la miraban con benevolencia. Y eso, ya constituye una victoria. Cuantas veces habremos oído elogios a su sistema de sanidad o su sistema de escolarización en boca de algunos españolitos fans de la Cuba revolucionaria. Luego palidecían esos ditirambos al lado de los testimonios que contaban de viva voz los emigrados cubanos que venían huyendo de la gran cárcel habanera. Miseria y hambre, a parte de la negación de los derechos más básicos. Con todo, se sigue relatando con admiración los logros de esta Cuba de la que Fidel Castro era autor. Cuba era un régimen de autor.

Existe una especie de complacencia hacia Fidel Castro, como si fuera el más bueno de los malos. Los simpatizantes de la revolución le perdonan todo e incluso parte de los que no lo son, le reconocen virtudes. Puede que al final sea cierto, y como él mismo decía, la historia le absolverá.

Sea como sea, es el final de una época. Aunque en los últimos diez años la batuta la ha llevado Raúl Castro el poder simbólico de Fidel es potente, y su ocaso traerá consecuencias para la isla. Es esperable una mayor apertura y una paulatina integración de Cuba en el mercado internacional. La reunión de Obama con los Castro el año pasado ya sentó el precedente y es el momento para que las cosas cambien en Cuba.

No es muy alentador en este aspecto, la postura del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que amenaza con liquidar el acuerdo si no se renegocian las condiciones del mismo. Se corre el riesgo de volar por los aires todos los avances que a lo largo de dos años ha llevado a cabo Obama.

En cualquier caso uno de los útimos vestigios del siglo XX ha desaparecido y podemos decir ahora con más seguridad que nunca: Hola, siglo XXI.

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