Tiempos de posverdad

“Posverdad” es una de las nuevas palabras incluidas en el diccionario Oxford. Del ámbito de la política, significa que la verdad deja de ser relevante y que, incluso cuando se cuentan con herramientas para acceder a ella, lo que se identifica con la realidad es el sentimiento popular. Parece como si el diccionario Oxford quisiera pronunciarse acerca de la actualidad con esta polémica palabra, en cualquier caso radiografía con precisión el momento.

Porque vivimos tiempos de posverdad. Ante la inundación de data, la gente reacciona defensivamente y busca la certeza en su sentimiento insondable. Estamos en la era de la sobre-información, y la aguja en el nido es la posverdad. El ciudadano colorea a su voluntad el mundo y con eso identifica lo verdadero. Da igual que la salida de Inglaterra de Europa conlleve terribles desventajas económicas, que para algunos el Brexit es la salvación. No importa que a Trump le apoye el Partido Nazi y el Ku Klux Klan, él volverá a hacer Estados Unidos grande. Es igual que no se cesen 40 años de guerrilla en Colombia, el NO a la tregua con las FARC es lo que prefiere el pueblo.

En España tuvimos un notorio caso de posverdad con la victoria electoral del PP. Que un partido imputado por corrupción y con tantos casos judiciales amontonados a sus espaldas tuviera el apoyo de la mayoría, solo se puede identificar con el nuevo palabro del diccionario británico. Se puede decir incluso que hemos sido los pioneros en esta reciente ola de posverdad; los primeros en surfear la ola.

El mayor riesgo en un momento como éste es que los políticos decidan adaptarse –si es que no lo han hecho ya- a los tiempos de posverdad. Que las mentiras cada vez sean más grotescas y que únicamente se diga lo que el votante quiere oír; que se desprecie cualquier atisbo de argumento fundado y respaldado por la razón. Es como si los análisis críticos no fueran más que una fruslería para conciencias melindrosas. Ahora se lleva hablar más alto y más fuerte, hacer una cesta de triple de demagogia.

Por eso se antoja como un límite crítico las próximas elecciones de Francia, donde se confirmará hasta que punto ha llegado el reino de la posverdad, si contra todo pronóstico de lo razonable y sensato gana Marine Le Pen. Posverdad y populismo son uña y carne, no se entienden una sin la otra.

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