Vientos del pueblo

Sopla la tramontana del populismo. Lo hace por Norteamerica y se avecinan vientos huracanados por el centro de Europa. Probablemente recalen también en la península ibérica. Los americanos no son extraterrestres, viven el fenómeno a su particular manera pero el síntoma es global. Nigel Farage y Marine Le Pen se encuentran haciendo cola para cobrar sus cheques, y  si nos fijamos bien, al final de la fila está tratando de pasar desapercibido un desgarbado Pablo Iglesias.

No se engañen, la victoria Trump ha sido una fantástica noticia en la sede de Podemos, que celebran el pistoletazo de salida de esta epidemia hermafrodita llamada populismo, que afecta tanto a partidos de izquierdas como de derechas. Iglesias ha publicado raudo un texto en su blog calificando a Trump de fascista, pero sabe que ahora el partido se juega en el eje de los extremismos; no hay mejor réplica al fascismo que la de la izquierda radical. Y es la nueva sintaxis populista la que poco a poco predominará en la agenda internacional.

Las primarias madrileñas de Podemos, en las que ha resultado vencedora la opción más radical de Ramón Espinar, refrendan el momento. El partido morado abandona las posiciones moderadas representadas por Iñigo Errejón, para abrazar ese populismo batallador que les hizo famosos. Las recetas del populismo cañí son las mismas que vimos en la campaña norteamericana: el pueblo vs. el establishment, proteccionismo, la televisión como medio articulador… Es cierto lo que dijo Albert Rivera: Podemos, en secreto, seguramente celebran la victoria de Trump; alguien que comparte su lenguaje, y que lo está poniendo de moda.

Vivimos tiempos de mesianismos en los que la ciudadanía pivota alrededor de grandes liderazgos que los rescatan de la desesperación. Cuánto más estrambóticos y polémicos sean estos liderazgos, mejor. Lo que tienen los populismos que los hacen tan eficaces es que al girar en torno a mensajes tan simplificadores, presentan un nuevo lienzo en blanco donde el ciudadano dibuja el futuro que le viene en gana. Es, en muchas ocasiones, un voto de venganza.

¿Cuál va  a ser la medicina que pare la epidemia? Quizás se debería luchar con la misma fórmula. Crear líderes europeístas y moderados que consigan hablar ese lenguaje a la perfección y que a la vez representen una ruptura con el pasado. Debe de estar ya el laboratorio europeo en marcha diseñando este tipo de respuestas.

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