La posibilidad Trump

Estamos en la semana en la que todos los Estados Unidos –y el resto del mundo- contiene la respiración, en vilo por la elección del nuevo presidente. Da la sensación de que hay que elegir la opción un poco menos catastrófica, la destrucción que resulte más amena; así de desolador se presenta el panorama en el 2016, lejos de los años en los que la ilusión era masticable con Obama. Los medios se han apresurado a hacer su diagnóstico de forma inusualmente unánime ¿Pero estamos seguros de que el mal menor es la elección de Clinton?

Quizás Estados Unidos se encuentra en ese crossroads necesitado de una catarsis que resulte en la creación de  nuevos procesos políticos; un gran despertar, en palabras del filósofo eslavo Slavoj Zizek, que apoya al candidato republicano. Sin embargo la opción de Hillary Clinton asegura un aletargamiento, una mera continuación de lo peor de las políticas de Obama. El Tío Sam necesita un gran bufón. De esos que de forma alocada y estúpida dicen sus verdades. Es tiempo de bufones, no de burócratas.

Mirando por lo nuestro, en lo que a Europa respecta no hay duda de Trump es menos intrusivo; ha declarado que no apoya las injerencias innecesarias de Estados Unidos en potencias extranjeras, así como tampoco respalda el TTIP, que arrasaría con las pequeñas y medianas empresas nacionales. Nadie cuestiona que sería catastrófico en políticas de inmigración pero haría de Estados Unidos un actor más concentrado y menos expansivo en la política internacional, lo que seguramente nos daría la oportunidad de respirar más tranquilos.

Trump, es un imbécil. Pero es un imbécil transparente, en cambio Hillary es opaca. Coge firmemente la manita de Wall Street mientras vende un discurso progresista. No hay que olvidar que es la persona que celebró el asesinato de Gaddafi entre risas o apoyó la invasión de Irak. Hillary representa el viejo establishment; se trata de una política profesional que lleva dando vueltas a los mismos pasillos durante veinte años. Trump, por el otro lado, solo es un necio que piensa de forma independiente, y si los mass media te boicotea a un mes de las elecciones, probablemente eso dice más a favor de su causa que en su contra.

Al final los comentarios despectivos hacia mujeres no deja de ser material de cotilleo, irrelevantes en el gran esquema de las cosas. Es ese framing interesado sobre el sexismo el que saca las cosas de quicio y ofrece una imagen deforme de la realidad. En lugar de eso se debería estar hablando de su agenda de exteriores o de su política económica –que por cierto Paul Krugman ha alabado desde las páginas del New York Times-.

Al final todo se resume en que si sale Hillary victoriosa, padeceremos una sensación de bajón y de inmovilismo; si Trump gana, provocará miedo pero también una gran expectación. Tendrá demasiados ojos encima que le fiscalizarán en su trayectoria y en el peor de los casos conseguirá que Estados Unidos se cuestione a sí misma abriendo la puerta a nuevos actores políticos.

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